Luis Estrada

CPFCM (1)

In CPFCM on marzo 22, 2010 at 8:53 PM

My media life a través de la CPCFM (Cadena de Posts en Fomento del Cine Mexicano) ha lanzado una iniciativa que permita la introdución de nuevos tópicos en nuestro tan dolido Cine Mexicano.

De tal manera, la CPCFM seleccionará argumentos interesantes que sirvan de espejo a la sociedad neo surrealista que actualmente vivimos, pero no por ello despreciará géneros que han conformado la identidad del séptimo arte en nuestro país.

Como parte de este anuncio, también se presenta el primer guión que apoyará en el rescate de los valores fundamentales por medio del cine: El Místico Bicentenario contra el Dr. Lammoglia.

La historia está ubicada en un barrio popular de la ciudad de México, donde nuestro héroe se sorprende por el poco aforo de su lucha de los miércoles. Intrigado por esta inusual situación, el Místico bicentenario consulta a la supercomputadora de su mistileonera y basado en sus años como científico social, llega a la conclusión de que la gente está empezando a leer.

Tarda 498 microsegundos en deducir que su archienemigo el Dr. Lammoglia está involucrado por lo que deja de escuchar la Ke buena e intenta sintonizar el programa de su rival.

Después de tres días de vanas maniobras, logra mover la perilla en el radio de transistores que le heredó el Batman de los 60’s, y entonces se da cuenta de que tenía razón: ¡Los pupilentes nunca pasarán de moda!

Pasado el tiempo, ante el tedio de escuchar a Lammoglia toma la caja de Choco Krispis y empieza a examinar la tabla nutrimental. Después de pedir a su nana que no le vuelva a dar de desayunar el endulcorado cereal, descubre que ha sido víctima de una sucia treta de su némesis, por lo que decide abordar la linea 3 del metro y detener a como dé lugar a su oponente.

En esta parte de la historia observamos una intrépida lucha, teniendo como marco el ballet folklórico de Amalia Hernández, al final de una versión extendida de El  jarabe tapatío mezclado con Que no quede huella de Bronco, el Dr. Lammoglia es obligado por el impacable luchador a ponerse un vestido con más olanes que la piel de María Victoria.

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